29 octubre 2020

El silencio de la noche

Imagen: Pintura de Francisco Goitia (1882-1960)

«Ellos entraban durante la noche sin pedir permiso en las casas en busca de los hombres y se llevaban por delante a quien cogieran, por eso era habitual que violaran mujeres y niñas, tenían orden de hacerlo, los falangistas no tenían freno, iban borrachos y llenos de odio, los sufrimos en cada familia de esta isla como una horda del infierno». Sebastiana Perera García

«(…) Mi hermano Guillermo dejó de hablar cuando vio lo que le hicieron a mi madre, no hubo forma de hacerlo decir nada, se quedó mudo, solo miraba y no reaccionaba a lo que le decíamos, yo le pasaba solo un año, teníamos ocho y nueve cuando pasó lo de casa. Esa noche llegaron los falangistas en busca de mi padre al Dragonal Alto, vinieron en dos coches y una camioneta, entraron en la casa a las once de la noche dando gritos y golpes, mi padre hacía días que ya no estaba, salió evadido el 18 de julio con varios compañeros del Frente Popular hacia el barranco de Pino Santo, donde estuvo varios meses en una cueva, el grupo de hombres armados se enfadó mucho cuando mi madre les dijo que no sabía donde estaba. Su jefe, que era uno de La Calzada, conocido por Santiago «El Cantaor», le tiró de su camisón y la dejó casi desnuda, todos empezaron a burlarse y a jugar con ella, la iban empujando de uno hacia otro, sin dejarla que pudiera mantener el equilibrio, nosotros no parábamos de llorar: -Vas a probar un par de pingas de verdad, no las de un rojo maricón como tu marido- dijo uno que conocíamos porque era panadero de Santa Brígida, se llamaba Esteban Rodríguez Hernández. Entonces allí delante de nosotros la agarraron y la violaron todos, uno por uno, hacían cola y bebían mucho ron, el más viejo y muy gordo, que solo llevaba la camisa de falange y un pantalón negro, intentó llevarnos al alpendre porque también quería abusar de nosotros, los dos salimos corriendo camino abajo hacia La Almatriche, ya mi madre estaba sin sentido y llena de sangre. Esa noche fuimos a casa de Titi Carmensa, ella nos recogió varias semanas, luego supimos que mi madre había aparecido muerta en el barranco Guiniguada colgada de un acecuche, Guillermo no dijo más nada después de esa noche, murió en los años sesenta en el manicomio de Tafira…»

Testimonio de Nicolás Godoy Cabrera, vecino del antiguo municipio de San Lorenzo durante el golpe de estado del 36.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 17 de septiembre de 2016, en el Lomo de los Frailes, (Gran Canaria).

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