29 de julio de 2026

El silencio de Manuel

Antiguos terrenos de cultivo del tomate en Gran Canaria. / FEDAC

«(…) Porque es mejor llorar que traicionar/Porque es mejor llorar que traicionarse/Llorá, pero no olvides…»

Mario Benedetti

Estaban empeñados en que Manolo Cerpa Cabrera les diera todo el listado de nombres de la Federación Obrera en los tomateros de los ingleses. El muchacho los observaba colgado por las muñecas del sucio techo de la exigua sede de Falange en Agüimes y no emitía palabra, solo algún grito de dolor, suspiros, llantos, cuando le quemaban sus genitales con los cigarros encendidos:

-¿No vas a decir nada hijo de la gran puta? Le decía el mayordomo de las fincas de Arinaga del terrateniente británico, Luis Santana Bordón.

Manuel lo miraba a los ojos ya con los hombros desencajados y bañado en sangre susurrándole sin fuerza con media sonrisa:

-Es inútil jamás voy a delatar a mis compañeros. Pégame un tiro en la cabeza y déjame descansar en paz. Aquí no tienes nada que hacer-

Bordón y el resto de falangistas montaron en cólera y lo despellejaron vivo a latigazos con las pingas de buey.

El sindicalista quedó allí inmóvil, pequeñito, parecía un niño; y no respondió al agua fría de la manguera a presión. Solo mantuvo los ojos fijos en el sicario que desesperado la emprendió a puñetazos contra su cuerpo inerte.

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