Fosa común sin exhumar del cementerio de Vegueta (LPGC)
«No hay mayor dolor que recordar en la miseria el tiempo en que fuimos felices».
Dante Alighieri
A Floreal Henríquez Ojeda, lo llamaron en la Navidad del 36 para ayudar en los trabajos de inhumación de los demócratas fusilados por consejo de guerra o asesinados arrodillados tras tiro en la nuca al pie de la fosa común del cementerio municipal de Las Palmas:
-La cosa está desbordada y no damos abasto con la cal viva y los cientos de cuerpos que tenemos que enterrar cada día en Vegueta- decía en las reuniones de la sede de Falange el Jefe Local Antonio Wiot.
Floreal sintió mucho miedo cuando vio llegar los camiones cargados de cadáveres desde el campo de tiro del cuartel de infantería de La Isleta. También le estremecían los hombres que llegaban destrozados por la tortura desde las siniestras comisarías colocándolos en fila para dispararles en la cabeza y arrojarlos como muñecos inertes sobre otros muertos manchados de barro y sangre.
El 20 de diciembre del mismo año mientras echaba tierra sobre las enormes tumbas abiertas vio que un chico muy joven de apenas veinte años con uniforme militar se movía entre los cuerpos con los ojos muy abiertos, tratando de respirar a pesar de tener la espalda perforada por una bala.
Jamás olvidó aquella mirada que parecía pedir ayuda poniéndose en pie como una escultura entre aquel infierno. Caminó algunos pasos tambaleándose hasta que uno de los falangistas con parche en un ojo que conocía del barrio de San Roque lo encañonó con el máuser entre risas:
-Vamos a ver lo que dura el héroe del ejército rojo- exclamó con su voz ronca por el exceso de ron de caña y tabaco Virginio.
Comenzó a dispararle como una especie de juego macabro, primero en un hombro, luego en la pierna derecha; y el chico siguió arrastrándose puño en alto dando vivas a la República y a la clase trabajadora, hasta que al atravesarle el pecho se derrumbó como un drago antiguo sobre el resto de compañeros acribillados.
Más historias
Madrugada en La Calzada
El cuidador de alzados
Rosa frente al espejo