29 octubre 2020

Estrellita rojinegra

Imagen: Dibujo de Castelao «Cobardes, asesinos» (mujer violada y mutilada, y un muerto en el suelo)

«Tenía la misma forma de violar que Eufemiano, a base de golpes terribles, este criminal dejó paralítica a Antoñita del Ayuntamiento de San Lorenzo, llegó a asfixiar a mujeres en sus brazos, era su forma de mostrar su virilidad, su odio a quien consideraba inferior o pensaba diferente». Ramón Dieppa Jiménez.

«(…) Cuando nos sentamos en aquel bar de Gamla Stan la vi llegar con la mirada perdida, ya no la tenía limpia como cuando organizábamos las exposiciones de pintores jóvenes, los recitales de poesía en el ateneo del Sur de la isla. María Guedes había estado en manos de aquellos criminales, había sido violada por el policía y arbitro de Las Palmas, conocido como «Juan Pintona», le dejó secuelas tan graves como una cadera y varias vertebras rotas, ya siempre tenía que ir con muletas, aquella niña rubia nacida en Risco Blanco, hija de pastores, anarquista, poetisa, ya no era la que yo conocí en los años 20 y principios del 30, ahora bajaba la vista cuando yo la miraba a los ojos, no los fijaba como antes en los míos con una sonrisa inquisidora, buscando el debate, la broma, la risa, proponer un discurso menos machista, más igualitario con las mujeres del Frente Popular. Los dos estábamos exiliados en Suecia, pero no nos habíamos visto hacia veinte años. Ella había conseguido una pensión de invalidez del gobierno socialista, yo seguía de camionero recorriendo toda Escandinavia entre noches y días eternos. Por eso nuestro encuentro mereció una botella de vino, los dos bebimos y hablamos, la acabamos y pedimos otra, era un vino espumoso alemán que se tomaba con pan tierno, una delicia después de haber pasado tanta hambre, me decía. Me habló del suplicio, no me quiso dar detalles de las violaciones de aquel pistolero en la comisaria de Falange de la calle Luis Antúnez, solo me mostró las cicatrices del alma, las que nunca se cierran y viven con nosotros para siempre, yo le hablé de mi evasión, de Mauritania, de los camaradas del partido que me acogieron, de Francia, de los nazis, de la resistencia, del campo de concentración de Auschwitz​, de la muerte de tantos compañeros españoles, isleños, del sufrimiento ilimitado que comenzamos a vivir cuando aquel sábado 18 de julio del 36 estalló la peor lacra de nuestras vidas, de como no lo esperábamos, de como no pensamos jamás que serían capaces de hacer lo que hicieron. Allí quedamos, afuera nevaba copiosamente, ella me regaló un libro de poesía firmado con un pseudónimo, «Estrellita rojinegra» con una pequeña frase de Durruti, me lo dedicó con aquella letra de niña de pueblo, de cuando nos enseñaron a escribir maestras cariñosas, luego la vi perderse entre la niebla y el humo de los coches, su cojera, su abrigo de pobre, su pelo revuelto que ya no era rubio, no pude definir su color, miró para atrás en la esquina, levantó el puño casi con miedo, esbozaba una sonrisa…»

Testimonio de Antonio Galindo Tejera, maquis canario contra el nazismo en Francia y exiliado en Suecia, donde falleció en enero de 2001.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 26 de febrero de 1998, en el barrio de Östermalm (Estocolmo).

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