2 diciembre 2020

Fuerteventura, antesala del holocausto

Imagen: Casa Winter en Cofete, Fuerteventura (Fuente: Oliver Hoffmann / Shutterstock). Niños soviéticos en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, alrededor de 1945. Foto: World History Archive / Cordon Press.

«(…) Es Auschwitz, estigma en el rostro sufrido
de nuestra época.
Y ante los edificios desiertos,
ante las cercas electrificadas,
ante los galpones que guardan toneladas de
cabellera humana
ante la herrumbrosa puerta del horno donde
fueron incinerados
padres de otros hijos,
amigos de amigos desconocidos,
esposas, hermanos,
niños que, en el último instante,
envejecieron millones de años…»

Luis Rogelio Nogueras (Halt) Auschwitz-Cracovia, 21-10-79

«(…) Se veía la entrada y salida de nazis por el muelle de Puerto Cabras, llegaban en destructores españoles y otros eran recogidos por barcazas militares de los submarinos, eran tipos muy altos con muy malas caras, que te miraban como si te fueran a asesinar, los falanges y oficiales españoles, que eran mucho más bajitos, solo les faltaba arrodillarse ante ellos, ponerles una imaginaria alfombra roja cuando desembarcaban, también se hablaba y mucho de que aquellos soldados alemanes y sus mandos estaban en Cofete, donde de la nada apareció un aeródromo, donde todo el mundo decía que había una base en el mar y una casa construida por un espía alemán, que sigue existiendo y la llaman «Winter». Allí se sabía que llevaron a detenidos para torturarlos y asesinarlos, los nazis aprendían de las aberraciones de sus hermanos menores los españoles, celebraban fiestas donde la servidumbre y las mujeres que violaban eran mano de obra esclava, presos republicanos majoreros y otros que llevaban desde Las Palmas y de los que nunca más se supo, hay testimonios que dicen que están enterrados en fosas comunes en esa playa de arena limpia, donde llevaron a cabo muchas ejecuciones en ese lugar tan aislado del mundo. Todavía no había empezado la Segunda Guerra Mundial pero ya estaba anunciada, España les ayudaba en todo, también en las detenciones de gente vinculada a la legalidad republicana, a muchos se los llevaron para Alemania para ir llenando los campos de concentración y exterminio, en su inmensa mayoría no volvieron jamás, fueron gaseados, fusilados o murieron extenuados por el hambre y la tortura. Recuerdo escuchar comentarios en el muelle de los mandos falangistas y militares españoles sobre los valores nacionalsocialistas de los «camaradas alemanes», lo bueno que eran con las armas y las estrategias, «como el mundo en unos años se iba a depurar para que quedaran solo dos razas la heroica que venía de los reyes visigodos y los Reyes Católicos, que era pura y bravía y la raza aria de rubios y altos, que mezclada iba a crear el hombre nuevo, el super hombre del futuro que exterminaría las hordas marxistas y el ateísmo, que el resto, negros, indios, amarillos, cualquiera que tuviera una tara tendrían que ser exterminados por el bien del nuevo Reich que iba a gobernar el mundo. A mi me causaba mucho miedo, yo miraba de reojo cuando los veía reunidos con fustas en la mano dándose golpesitos en el lateral de los muslos o las rodillas, tiesos, con el pecho y la cabeza contraídos como si fueran postes de teléfono. Yo imaginaba aquel exterminio, ya lo estaban haciendo en ese momento en las islas, se decía que ya en 1938 eran más de cinco mil asesinatos en toda Canarias, sobre todo en Tenerife y Gran Canaria, que era donde se concentraba el grueso del movimiento obrero…»

Testimonio de Ricardo Santiago Hormiga, trabajador portuario en el muelle de Puerto Cabras, Fuerteventura, en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera en Arrieta, Haría, Lanzarote, el 19 de noviembre de 1998.

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