28 junio 2022

Genocidio consentido

«(…) A un banquete se sientan los tiranos/Pero cuando la mano ensangrentada/Hunden en el manjar, del mártir muerto/Surge una luz que les aterra, flores/Grandes como una cruz súbito surgen/Y huyen, rojo el hocico, y pavoridos/A sus negras entrañas los tiranos….»

José Martí

En el preciso instante histórico en que los hombres del sátrapa chileno asesinaban a medio país, Juan Carlos de Borbón lo incluía en su círculo de amistades más íntimas, era vox populi que la policía española había formado años antes de la Operación Cóndor en las técnicas más terribles de tortura a los sicarios de Pinochet o de Videla: ratas en la vagina de las mujeres, muchas embarazadas, “el submarino” en bañeras de mierda y orines, la corriente eléctrica en los genitales de “la picana”, “el potro”, colgar durante días por los pies, y un largo etcétera más de aberraciones más propias de demonios que de seres humanos.

Nadie ha pedido jamás responsabilidades al Borbón o a Felipe González por la supuesta colaboración activa en los genocidios chileno, argentino, uruguayo…, nunca serán juzgados por un tribunal internacional de derechos humanos, sus “graciosos” cócteles y juergas con criminales de lesa humanidad han quedado como una cuestión de estado, la diplomacia del crimen organizado, del terrorismo institucional, sobre decenas de miles de personas de bien asesinadas y desaparecidas.

Es hora de que se sepa, de que se diga y se comparta, aunque solo sirva para constatar la evidencia de la putrefacta talla moral, del fascismo en vena, de personajes que entrarán en la historia como lo peor de la especie humana.