26 mayo 2022

Hadas fosforecentes

Playa de Guguy, La Aldea de San Nicolás (Taxiboat)

«De las dos niñas no se supo más nada desde aquella noche que desembarcaron los guardias civiles bajo el mundo de Manolo Portillo, el criminal teniente de Gáldar de origen alemán, casado con la hija de Leacock, se las llevaron amarradas con cadenas y desnudas, las dos se miraban y se trataban de consolar tomando sus manos».

Rosario Pestana Rodríguez

Lo mejor del día era el atardecer, cuando la puesta de sol hacía que la arena y los riscos de la playa perdida se pusieran de color naranja, en ese instante las dos mujeres, Berta y Rebeca, salían de su escondite en el alpendre del barranco, bajaban despacio avizoras de que no hubiera transito de barcos en el horizonte.

Parecía como salir de un agujero infernal donde el calor les quemara los huesos desde dentro, en la playa se desnudaban y se metían corriendo en las frías aguas, no se veía un ser humano en meses, tan solo Santiago “Pollo Tazarte”, con sus cabras cada quince días, el glorioso líder del terrero aldeano, en el noble deporte vernáculo de la lucha canaria.

Aquel viejo pastor, amigo íntimo de sus padres, les traía gofio y queso duro y las muchachas amasaban la harina indígena con agua de mar o leche recién ordeñada con el polvo de millo por encima en las rudimentarias tazas de cerámica.

Era como una fiesta no comer solamente los mariscos recolectados, siempre crudos para que el humo de las hogueras no alertara a los fascistas de La Aldea o de Mogán

En el mar se les hacía de noche, saltaban, bailaban sin música, corrían como dos locas, se abrazaban, se besaban, jugaban, parecían dos sirenas felices en aquel lugar remoto del mundo. Luego se veían las luces pequeñitas como hadas minúsculas en el fondo, las algas fosforecentes presagiaban la llegada de la primavera. Agotadas en la arena de las risas y los juegos miraban al cielo tumbadas boca arriba, a veces pasaban bólidos de luz desconocidos a velocidad de vértigo, la luna brillaba en sus cuerpos desnudos:

¿Cuántas compañeras del Ateneo y la Sociedad Obrera de Mujeres, chicas jóvenes, teatreras, pintoras, poetisas, rapsodas de Rosalía y Federico, habrían sido violadas y asesinadas ya en aquel marzo del 37?

Solo tenían información por “El pollo”, nunca eran buenas noticias, las personas desaparecidas se contaban por miles solo en Gran Canaria:

-¿Qué sería de ellas?- se preguntaban mirándose a los ojos brillantes por el reflejo del cielo estrellado de Guguy.