Pepito “El Faro” con Dominguito Medero "Pollo de Galdar" en 1937 (Archivo de Juanfra Tejera)
«La única fuerza y la única verdad que hay en esta vida es el amor. El patriotismo no es más que amor, la amistad no es más que amor.»
José Martí
Antonio Monzón Gonzalez, era del Partido Comunista cuando lo detuvieron en las inmediaciones de las Cuevas Coloradas en el barranco de Mascuervo, San Lorenzo, Gran Canaria, donde andaba evadido desde el golpe fascista del 36. El joven militante tenía una visión particular de la noble causa por la emancipación de la clase trabajadora isleña, que pasaba según sus ideas por la independencia de las islas de la España colonial, explotadora y generadora de hambre y pobreza sobre los sectores populares más desfavorecidos.
-Se puede ser marxista y exigir la separación de nuestra tierra de una España causante de tanta miseria desde el genocidio indígena a todos estos años que hemos tenido que emigrar a Cuba o Venezuela para que nuestros hijos no se mueran de inanición- decía ante la confusión de sus camaradas en el barracón del campo de concentración de La Isleta donde pasó sus ultimas semanas antes de ser salvajemente torturado y asesinado.
Toño “el zurdo”, como lo llamaban por sus malamañados agarres por la izquierda en el vernáculo deporte de la lucha canaria. Amigo íntimo de José Rodríguez Franco, “Faro de Maspalomas” y de José Santana, “Pollo Florido”, compañero en el Club Adargoma, del barrio de San José en Las Palmas. Testigo directo de cómo sacaban a su amigo y conocido deportista aquella noche de agosto para arrojarlo a la Sima de Jinámar.
Toño sabía bien lo que le esperaba tras su apresamiento, aunque apenas tuviera veinte años en el momento de su asesinato el 11 de enero del 37, cuando fue obligado a cavar su propia fosa a pico y pala en la zona de lo que era el Hotel Metropol, Ciudad Jardín, actualmente oficinas municipales del Ayuntamiento de LPGC.
Sobre las tres de la mañana fue arrodillado a la fuerza por una centuria de falangistas encabezados por el nazi Juan Del Río Ayala, para junto a seis compañeros del Frente Popular que sacaron de la comisaría de Luis Antúnez, Colegio La Salle en la actualidad, para recibir un tiro en la nuca cada uno y ser sepultados en esa tumba desconocida, sin nombre, olvidada, sin ninguna posibilidad de ser excavada bajo el asfalto de la calle León y Castillo.
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