23 mayo 2024

Javier Tejera Monzón

«Adios hermanos, camaradas, amigos, despedidme del sol y de los trigos».

Miguel Hernández

Éramos como hermanos y de pequeñitos hasta dormíamos en la misma cama de paja, compañeros de travesuras, más tarde de sueños de fútbol y partidos interminables, “capitán de uno”, en estanques de barro desolados, que a veces tenían césped de cerrillos y flores recién nacidas. Luego destacaste tanto, eras una bala, que hasta equipos conocidos de fuera de las islas olvidadas vinieron a buscarte, pero la puta droga que planificada por el estado te destrozó la vida y desaprovechaste esa loca posibilidad de ser una estrella. Yo también en ese surrealista coqueteo con las sustancias prohibidas estuve a punto de caer tentado aquella noche en un coche viejo, atestado de amigos que hoy ya no tienen rostro o están muertos, pero por algún inexplicable motivo asociado a la conciencia o quizá a un mal presentimiento dejé partir ese instante imbuido en otras luchas. Luego emprendiste ese periplo de tantos años, nos hiciste daño ¡joder!, aunque fueras buena persona, pero aquella dama siniestra te hizo cometer barbaridades de las que un día por casualidad en una calle perdida me abrazaste inesperadamente, llorando pidiéndome perdón. Yo te correspondí, te tranquilicé como pude, intenté darte amor. Ese fue el último día que nos vimos hace siete años. Hoy me llegó por casualidad la noticia de tu partida: “ya está descansando el pobrecito”, diría mi madre que tanto te quería. Me dio por prender una vela esta noche en el rincón de mis locuras y no sé todavía porqué a estas horas de la madrugada te he escrito estas letras, que tal vez te acompañen en la eternidad ¡Hasta siempre! Es lo único que me sale del alma ¡Hasta siempre Javi! Sigue tu proceloso viaje.

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