29 de julio de 2026

«Tras el asesinato del General Balmes empezaron a movilizar todo el operativo criminal, grupos de hombres con uniforme azul empezaron a sacar gente de sus casas para asesinarlas.»

Diego Rodríguez Calcine

Los dueños de la isla se afanaron en que el exterminio fuera masivo:

-Que se les nuble la vista de miedo y que hasta los que no han nacido lleven en sus entrañas la ira de la Santa Cruzada- dijo el Conde en su mansión de verano de Maspalomas durante el desayuno de trabajo con los jefes falangistas Francisco Rubio Guerra y Eufemiano Fuentes.

En aquellas horas cruciales del golpe fascista decenas de camiones cargados de hombres detenidos recorrían las carreteras de tierra hacia destinos desconocidos. Nadie imaginó aquella masacre sobre el corazón lastimado de un pueblo que desde febrero del 36 celebraba los avances de un nuevo gobierno que podía cambiar para siempre las vidas de miles de familias sometidas al yugo colonial de la brutal explotación sistemática y la semiesclavitud:

-No pensamos nunca que serían capaces de aquellas atrocidades jamas vistas desde la criminal invasión de los castellanos- me decía un 18 de julio de 1991 Domingo Santana cuando nos encontramos en aquella tienda de aceite y vinagre de El Palmar de Teror.

Sus ojos llorosos si los mirabas fijamente eran capaces de mostrarte la herida abierta que aún pervive en la memoria colectiva, aunque tristemente pretendan ocultarla con una versión de la historia sustentada en el encubrimiento de tantos crímenes todavía impunes.

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