27 de julio de 2026

La manos de Luisita

Niños de padres republicanos antes de exiliarse en diversos países del mundo

«No se puede contabilizar fueron miles los niños robados y vendidos por los franquistas y la Iglesia Católica en Canarias, se hicieron el negocio del siglo, todavía hay tíos millonarios con lo que recaudaron con esa trata de seres humanos, la mayoría de gente rica del Archipiélago».

Tomás Rosa Santana

En el coche del Conde cabían diez o doce niños y niñas, apretujadas unas sobre otras. Les habían recogido casa por casa ante el estupor de las vecinas, después de asesinar y desaparecer salvajemente a sus padres, todos jornaleros del tomate de Los Betancores, Yeoward, Bonny… A sus madres que no asesinaron, las más jóvenes y hermosas, las metieron en los prostibulos que frecuentaban los falangistas de Las Palmas.

Se respiraba una infinita tristeza dentro del viejo Ford, silencioso porque si lloraban, el fascista conocido popularmente como “Matacán”, les golpeaba en sus cabezas con una vara de acebuche:

-Cállense coño porque me los llevo por delante malditos demonios hijos de rojo- les decía echándoles en sus rostros desencajados un fuerte aliento a ron de caña y mojo cochino.

A Luisita Monzón, que era la mayor con apenas doce años, el criminal fascista la había violado en su misma cama infantil tras asesinar de un palo en la cabeza a su abuelo Juan Ignacio Artiles, que trató de enfrentarse al monstruo vestido de azul.

A los pocos meses la familia tinerfeña a la que fue vendida por cinco mil pesetas del año 37 la devolvió porque no hablaba ni sonreía, jamás volvió a verbalizar palabra, pasó mucho tiempo en una casa de putas de La Isleta; y la noche de su veinte cumpleaños le arranco el pene de una mordida durante una felación a un Guardia Civil de Valleseco. Al momento la ingresaron de por vida en un manicomio donde pasó el resto de sus días.

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