29 de julio de 2026

La mirada de Juan

«El arma más destructiva que utiliza el fascismo es la mentira»

Antonio Machado

Cuando metieron a Reynaldo en el nicho del cementerio de San Lorenzo la mayoría de los asistentes alzaron el brazo entonando mecánicamente como una especie de oscuro ritual el Cara al sol.

De la mano de mi abuelo Juan Tejera lo sentí como imperturbable no siguió al resto. Era como si caminara en sentido contrario a la multitud, arrastrándome con mis apenas ocho años en un gesto heroico, mientras el resto de asistentes al entierro cantaban exaltados entre banderas franquistas y de Falange.

Tres sicarios de la Policía Armada metralleta en mano, el dedo en el gatillo, nos miraban con rostro indignado acercándose lentamente hasta rodearnos amenazantes.

Juan no soltó mis dedos pequeños, los apretó ligeramente, recuerdo siempre su calidez y sus callos de picador de piedras. No dejaba de mirar fijamente a los esbirros sin mover un músculo.

Al término del himno nazi que se hizo interminable para mí, nos siguieron apuntando sin mediar palabra y la gente se fue disolviendo dando pésames a los familiares más cercanos del muchacho fallecido.

Juan sacó una cajetilla de Mecánico Blanco y prendió un cigarro con el mechero de gasolina sin quitarles la mirada.

Los guardias bajaron las armas y se dieron la vuelta hacia la salida. Mi abuelo y yo nos quedamos en el viejo camposanto mirando tumbas en silencio. Afuera de los muros se divisaba en el cielo un cernícalo paralizado, majestuoso en el aire acechando una presa.

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