«Aquellos sacos cobraban vida cuando los agarraban entre dos falanges para arrojarlos al abismo marino, eran hombres y mujeres que sabían que les esperaba el frío del agua, el instante preciso de la muerte…»
Teresa Dávila Meneses
Desde que el periodista y escritor José Luis Morales, nacido en Agüimes, descendió en 1977 a la Sima de Jinámar, en la foto junto a los huesos de una mujer, una más de las cientos de personas asesinadas que siguen bajo los escombros y los vertidos de esa chimenea volcánica del horror fascista, hasta la actualidad, las instituciones canarias y sus políticos responsables han seguido encubriendo ese abismo de parte del genocidio isleño. No hay voluntad de excavar y exhumar los restos, solo paripés electorales con performance a pie del agujero de la muerte de ochenta metros de profundidad, para que se hagan una idea, la altura de un edificio de veinticuatro plantas. De mentira en mentira seguimos las familias aguantando este degenerado escarnio y humillación a la memoria de nuestra gente asesinada por defender la democracia y la libertad. No queda vergüenza ni respeto entre los que ocupan poltrona y coche oficial.
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