25 noviembre 2020

La ternura del agua

Silos de Cuevas Muchas, Barranco de Guayadeque, Agüimes, Gran Canaria (Patrinet, ULPGC).

«(…) No cargues de guerras fusiles feroces, ni yugos ni flechas que ideas ahoguen…¡ Sedienta panchona, rascacio execrable, manchaste las rocas con sangre de padres…!»

Francisco Tarajano (Años malditos)

«(…) Cuando les dije a mis compañeros de Falange que yo no iba a pegarle a aquellos hombres, el sargento Salazar me puso una pistola en la cabeza: -Cabrón cobarde te hiciste rojo, aquí todos o ninguno- me dijo apretando el cañón sobre mi sien. Eran cuatro muchachos jóvenes que yo conocía de Agüimes y Casa Pastores, todos jornaleros en las tierras del Condado, los más jóvenes eran dos hermanos de apellido Artiles, no pasaban de veinte años, eran chiquillos demasiado jóvenes para aquellas torturas. Los otros dos yo los conocía de la lucha canaria, uno era luchador del Adargoma y el otro un gran aficionado, nos veíamos en las luchadas, allí en aquella época se conocía todo el mundo, la madre de los Artiles había muerto la misma noche de la detención de un ataque al corazón por el disgusto tan grande. Es que cuando nos llevábamos a los hombres la familia sabía que ya no los verían más, que estaban condenados a ser maltratados hasta la muerte, luego tirados vivos o muertos en cualquier pozo, furnia o agujero volcánico. Esa noche fue terrible, yo nunca había estado en una toma de declaración, no supe nunca que querían sacarle porque aquellos muchachos se veía que no eran relevantes en la Sociedad Obrera, que eran unos más que habían participado en huelgas pero nada más, no eran de los importantes, pero me sorprendió que les dieran tanta leña. Yo me mantuve como pude allí callado, Salazar me miraba de reojo por si decía algo, me jugaba también la vida, no sería la primera vez que dispararan contra alguno de Falange por negarse a las matanzas. De los cuatro tres estaban muertos, destrozados por los puñetazos y patadas, el cuarto era uno de los hermanos Artiles, a los cuatro los metimos en la carraca de Dionisio Morales, cabían unos sobre otros en el volteo, la sangre iba dejando una estela desde Cuevas Muchas hasta el pozo de Guayadeque, allí los tiramos, yo tuve que ayudar, fue de las cosas que más me arrepiento en mi vida, desde esa noche no he dormido bien cuando vi como caían al fondo, Artiles todavía vivo y gritando, golpeándose contra las aristas del pozo, destrozándose sus cuerpos hasta recorrer los cien metros de abismo, a los dos o tres meses fuimos de nuevo de noche a echar sacos de cal viva para desintegrar los huesos. Recuerdo ver con los años sacando agua de allí para el ganado y consumo humano, yo sabía que había muchos muertos en el fondo, que no todos llegaban a la Sima Jinámar, que era más fácil en el mismo pueblo…»

Testimonio de Carmelo Medina Bolaños, trabajador de Telégrafos y miembro de Falange en el Sureste de Gran Canaria en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en Carrizal de Ingenio, el 15 de mayo de 2004.

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