20 abril 2021

Las ratas de Indalecio

«Torturar con ratas no era nada nuevo en Canarias, esa práctica venía de la Santa Inquisición, donde ponían una rata en la barriga del torturado hasta que hacía un agujero en su vientre y lo devoraba, luego las usaron con mujeres metiéndolas en sus vaginas hasta destrozarlas por dentro, fue práctica común tanto en España como luego en dictaduras latinoamericanas como las de Chile o Argentina».

Salvador Puig Santaolla

«(…) El conocido falangista y cabo primero de Artillería en el cuartel de La Isleta, vecino del barrio de San Roque, Indalecio Alemán Domínguez, tenía fama porque era el que manejaba las ratas que usaban en las torturas del Gabinete Literario y el actual Colegio La Salle, en aquellos tiempos Comisaría de la calle Luis Antúnez en Las Palmas, recuerdo verlo bajando por el Puente de Piedra con una jaula llena de ratas de cloaca, de esas negras y grandes. Las sacaba en el Parque Las Ranas y las soltaba en el suelo para que los chiquillos las vieramos desalados, entonces las ratas le subían por las piernas, se le ponían en los hombros, en la cabeza, le andaban por la espalda, les daba de comer pan o cachos de queso con la boca y no lo mordían. Sin embargo eran verdaderas fieras con las mujeres y hombres que sometían a la tortura usando estos animales. Los falanges cuando se emborrachaban en el Bar La Marea de Triana, contaban que a las mujeres las amarraban desnudas con las piernas abiertas y los roedores le entraban por la vagina y se las comían por dentro, allí en La Plaza del Mercado contaban los mismos falangistas que las usaban también con mujeres embarazadas y les comián el feto tuviera los meses que tuviera. Las ratas conocían bien su trabajo bajo las órdenes del cabo Indalecio que les iba mandando con su voz ronca de alcoholico lo que tenían que hacer: -Ahora comele los ojos a este- -Muerdele los cojones hasta arráncarselos- -Métete en el conejo de esta puta y cometela por dentro- Nosotros eramos muchachos jóvenes que no pasábamos de quince años y cuando lo veíamos llegar nos daba miedo y asco porque olía a ratas, porque nos miraba con ojos de pervertido, porque le gustaba exhibir a sus ratas gigantes, porque olía también a muerte y a la sangre de sus víctimas…»

Testimonio de Isidro Ruíz Galván, vecino del barrio de Vegueta en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 14 de abril de 2009, en la Universidad Popular del Cono Sur (Barrio Marinero de San Cristóbal).

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