«Lo mejor de aquella miseria eran las noches de invierno donde Frasquita hacía una pequeña hoguera junto a la cueva de la casa de Tamaraceite, allí nos poníamos alrededor como si fuéramos nativos, tu abuela nos contaba cuentos maravillosos hasta que nos íbamos durmiendo en brazos de Lola que nos llevaba cogidos hasta los camastros de paja…»
Manolo Tejera
Mi madre tuvo que asumir el cuidado de sus hermanos y las tareas del hogar con apenas ocho años, desde que los fascistas se llevaron a mi abuelo Juan. Me repetía la historia ya en su vejez, meses antes de morir, con una memoria prodigiosa:
-Llegaron de madrugada como diablos azules dando gritos y golpes, los chiquillos desalados cuando sacaron a patadas a mi padre de la cama en calzoncillos la madrugada del 21 de julio de 1936. Mi madre Frasquita de rodillas les suplicó que lo dejaran ponerse un pantalón y un abrigo. “Adonde lo llevamos no necesita ropa” le respondieron dándole un culatazo con el máuser en el pecho. “Ten mucho cuidado porque te cortamos con un cuchillo esas buenas tetas que tienes”, dijo el jefe falangista Penichet-
Lola Tejera, quizá por un estrés pos traumático al asumir esa enorme responsabilidad por tener que salir su madre a mendigar al nadie darle trabajo por su matrimonio con un comunista para que sus hijos no se murieran de hambre, desarrolló una increíble inteligencia emocional. Una cultura de supervivencia y una capacidad de perdonar que jamás he conocido.
Ella fue testigo de la muerte uno a uno de sus cuatro hermanos, durante veinte años, cuidó a sus padres hasta la muerte, luego la demoledora enfermedad mental de mi padre, que le quitarán sin motivo a su nieta para no verla en años.
A pesar de todo con la boca seca por tanta tristeza supo vivir sin rencor, trasmitiendo tranquilidad, sin casi nada más que un patio repleto de flores y helechos gigantes.
Un día se fue despacito, sin querer desprenderse de su anillo de boda tras la exigencia de los sanitarios de la ambulancia. Serena me hablaba entre susurros antes de ir perdiendo la conciencia y entrar en un coma profundo.
Tal vez escuchó cada mensaje grabado en audio por las restricciones de la pandemia de toda la buena gente que la quería. Apretaba mi mano tras cada grabación. Partió en silencio el mes de mayo de 2020. Su amor eterno vive en lo profundo de mi corazón.
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