24 septiembre 2021

Los rostros de la muerte

Foto cedida amablemente por mi amigo y compañero libertario Juan M. Calderin Liria

«Les gustaba cortar con navajillas de afeitar, era una forma infalible de hacer hablar a los detenidos, la carne abierta, los órganos fuera, la sangre brotando a presión de unas venas abiertas, así torturaba la tropa de Falange en Las Palmas GC, en sus famosos centros de tortura y exterminio».

Ramón Travieso Hiedra

Quedan pocas imágenes de las caras de los responsables directos del holocausto canario, sicarios al servicio de la oligarquía más criminal.

El cuarto de izquierda a derecha de esta foto, alto, con bigote, era el conocido arbitro de futbol José García, alias «Juan Pintona».

Este destacado miembro de Falange y las criminales Brigadas del Amanecer cometió todo tipo de crímenes y torturas, junto a otros asesinos como Alfredo Rivas, dueño de la Tintorería París, el tabaquero psicópata, Eufemiano Fuentes Díaz, Juan Aulet, Vicente Trujillo, conocido por «El Mojica», Juan Toledo, el de Tafira, el cartero Sotomayor, Benito Díaz, Estévez «El Alferez», José Navarro Déniz, «el del Lomo», Manuel Modesto «El Barbero», Fernando Ojeda, Sosita del Castillo, Amado Álvarez, Fernando López, Juan Suárez, Juan y José Cruz, Manuel Álvarez Peña, después alcalde del municipio de Telde, Pedro y Miguel Medina, Juan Ascanio, José Pérez, Juan Franco, Domingo Medina Viera, Francisco Naranjo, «el del Valle de Las Goteras» y otros más todos con las manos manchadas de sangre.

Nombres y apellidos que algunos se preguntarán ¿Él porqué remuevo la historia de este pueblo? Normalmente lo dicen quienes tienen que ver directa o indirectamente con el genocidio canario, con el crimen impune de miles de isleños asesinados por sus ideas.

Crímenes y torturas horrendas, como descuartizar vivos, destripar con una navaja de afeitar, colgar por los ojos, violar mujeres en grupo, meter mangueras con agua presión en la garganta, apalear hasta la muerte sostenidos por los brazos de una soga, ahorcar en comisarías de Falange, como las de la calle Luis Antúnez o el Gabinete Literario, lugares del exterminio hoy en día colegio de curas o centro cultural de las élites, sin mención ni señalización de tan graves acontecimientos.Estos asesinos jamás tendrán nuestro perdón, aún menos nuestro olvido.

Entrarán en la historia como lo peor de la especie humana, como criminales de lesa humanidad, la peor lacra de nuestro pueblo, lo más aberrante a lo que puede llegar un ser humano.