26 mayo 2022

Memoria invencible, Diego

Diego, durante el rodaje del documental, “La memoria interior”, del cineasta, Carlos Reyes Lima

“La sonrisa permite respirar al alma”.

Fabrizio Caramagna

Ver cómo agarran a un hermano de cuatro meses por los pies y le destrozan la cabecita contra una pared de picón no tuvo que ser fácil, eso jamás se marcha del recuerdo, tal vez por eso era su letanía desesperada, a pesar de la demencia exacerbada, la que le hacía incluso desconocer nuestros rostros, ni siquiera el de mi madre, amor de su vida, a la que seguía a todas partes en nuestro periplo de años por las Urgencias de cada hospital o centro de salud.

¿Cómo es posible olvidarlo todo menos algo que le sucedió tan solo con once años?

Tanto tiempo después, con 92 primaveras, el trauma eterno flotaba, incrustado a fuego, balbuceando en la cama y Loba en la cabecera sin dejar de mirar, desconcertada, lamiendo sus pies de vez en cuando, como buscando una respuesta inútil, imposible para la mente de una perra, la que respira la vida como algo parecido al instinto.

Fue muy traumático cuando aquel ser maligno, historiador oficialista, postuló sin rubor para hacer daño ante los medios de comunicación, que el niño no había existido, que como dice la canción de Carlos Cano sobre las madres de Plaza de mayo: “que ni siquiera naciste, que medio loca mamá te inventó”.

¿Cómo se puede mentir desde una familia con varios miembros asesinados?

¿Qué extraña metamorfosis puede hacer que alguien sea capaz de inventarse más dolor del que ya tiene?

Aquel surrealista postulado vergonzoso le hizo mucho daño a mi padre. Pero no se enfadaba, solo sonreía, en su agonía con lágrimas en los ojos, las del anunciado final, lágrimas que al limpiarlas y rozar los dedos eran tan frías como el hielo polar:

-Lo del chiquillo es todo verdad, le rompieron el cráneo aquellos falangistas cabrones, nos les gustó que llorara tanto mientras registraban la casa y quemaban hasta los colchones de paja-

Se lo repetía a los médicos, a las enfermeras que lo miraban asombradas:-

¿De donde saca este hombre tanta lucidez si es incapaz hasta de reconocerse así mismo ante un espejo?

Él respondía sin dejar de sonreír:

-Porque lo llevo en el alma-