24 septiembre 2021

Memoria perseguida

El jefe de Falange en La Provincia de Las Palmas durante el genocidio, el empresario tabaquero, Eufemiano Fuentes Díaz, condecorando en el Estadio Insular, mientras fue presidente de la UD Las Palmas (1956)

«(…) Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular…»

Juan Gelman (Extracto del discurso Premio Cervantes 2007)

Tras el exterminio de miles de canarios desde el golpe fascista de 1936, los causantes de ese brutal genocidio sobre un pueblo desarmado quedaron impunes, jamás fueron juzgados por ninguna de las instituciones llamadas «democráticas» en el Archipiélago.

Camparon en la impunidad con las manos manchadas de sangre, dejando un hedor en su trayectoria que infectó cada lugar donde desarrollaron su tarea.

Las astillas de madera en los dedos, colgar por los pies, reventar a palos o latigazos, destripar con navaja en una mesa de tortura, violar mujeres de forma masiva hasta su muerte, lanzar al mar, agujeros volcánicos o pozos a lo más noble y combativo de nuestro pueblo, robar miles de niñas y niños para su venta, saquear propiedades de republicanos asesinados e inscribirlas a su nombre, condenar al exilio, perseguir durante años y años a familias que como la mía sufrimos el horror del fascismo.

Aún tengo en mi mente todo tipo de persecuciones políticas en mi trayectoria personal y laboral, incluso hasta hace escasos meses en mi puesto de trabajo, tan solo por pensar diferente en medio de este engendro que siguen llamando «democracia».

Los asesinos se salieron con la suya en España, en Canarias, en cada rincón de un estado donde juzgan, sentencian y gobiernan los herederos del fascismo más criminal.

Con las uñas como garras siguen firmando decretos y leyes desde el encubrimiento, el negacionismo, tapando miles de crímenes, bloqueando exhumaciones con todo tipo de mentiras, dulcificando las cifras, diciendo «que no fue tanto como cuentan los radicales», «que solo fueron apenas, no más, que unos cientos de asesinatos de nada», edulcorando la masacre, quitándole importancia desde las voces de políticos, técnicos e historiadores vendidos al establishment.

Políticos apoltronados de todos los colores que siguen tapando el holocausto canario y español, ya no por miedo, tan solo por preservar una monarquía parlamentaria manchada de tortura, de crímenes de estado, de terrorismo sobre el pueblo trabajador.