25 mayo 2022

Mi abuelo supo el amor

«(…) Así lo sé, porque quiero echarme
En su misma fosa
Sin oración y sin losa
Hueso con hueso viajero…»

Silvio Rodríguez Domínguez

Cuando mi amigo Jesús, fotógrafo de Madrid, me envió esta maravilla con la imagen mejorada de una instantánea tan antigua de mi abuelo Francisco, me han dicho que nos parecemos mucho, me alegra que no sea sólo físicamente, sino también en las ideas emancipadoras por la clase trabajadora.

A pocos días de un nuevo aniversario de su fusilamiento, no puedo evitar ahora que estoy tan lejos de donde sigue enterrado en una triste fosa común emocionarme, vibrar con él aunque esté muerto, acribillado a balazos por los enemigos del amor y la esperanza.

Sus huesos siguen allí intactos, ansiosos por salir del barro, junto a 59 compañeros más, algo rotos por la brutal tortura y por las balas que le atravesaron su cuerpo y su alma aquella tarde gris y lluviosa del 29 de marzo del 37.

Podrá parecer excesivamente místico pero lo sigo sintiendo conmigo de alguna forma, aunque no pudo nunca sentarme en sus rodillas, jugar conmigo en mi niñez, verme crecer, navegar curioso por las páginas de mis libros.

Nos destrozaron con el asesinato del niño Braulio, con el posterior fusilamiento de Pancho, la persecución, el acoso laboral que he sufrido hasta hace poco, las secuelas físicas y psicológicas, el terrible síndrome de la transmisión generacional por violencia política, marcando para siempre nuestras vidas estigmatizadas.

Algunos políticos y técnicos, ciertos historiadores que defienden la historia oficial para ocultar miles de crímenes de estado, ejerciendo de agentes del fascismo, nos catalogan de “locos de la fosa”, tan solo por exigir recuperar sus restos, eso nos da tristeza, pero también fuerzas para seguir sembrando ternura revolucionaria, aunque posiblemente yo muera antes de ese glorioso día en que se abran todos los agujeros del horror, no me importa, la vida es para sembrar justicia y cariño, lo contemplo reflexionando en silencio más de una vez, sobre todo en días de lluvia como el de hoy, mientras veo correr las gotas que vienen del cielo por la ventana, las que seguramente más de una vez han penetrado en la tierra saludando a los caídos por la libertad.

Que hermoso hubiera sido conocerlo.

¿Cuánto hubiéramos compartido de no haberlo asesinado vilmente tan solo por sus ideas?