21 octubre 2020

Nina en el laberinto.

Imagen: La Virgen del Pilar con un manto de Falange (2018).

«Aquellos demonios con sotana eran aficionados a los abusos, al dinero que sacaban en cada venta, a las juergas y comilonas en suelo sagrado, por eso nunca quise ir a misa, ni escuchar la palabra de Dios de esas bocas tan sucias.» Juanita Alonso Alvarado.

«(…) Cuando se llevaban a Nina a la habitación de abajo se me venía el mundo encima, sabía que de nuevo iban a abusar de ella aquellas cucarachas con sotana, aquellos perros fascistas. Escuchaba su vocecita, sus llantos, sus gritos de dolor, pero no podía hacer nada, yo solo tenía ocho años, era un poco mayor que mi hermana de tres, solo pateaba, me daba cabezazos contras las viejas paredes de la casa colonial de barrio de Vegueta. Todo pasó en menos de una semana, desde que sacaron a padre de la casa de Tecén los falangistas, les dijo que madre había muerto tres meses antes de tuberculosis, que no se lo llevaran, que los niños se quedarían solos en aquel barranco desolado. Dijo de todo y más, pero la única respuesta fueron los disparos en la cabeza del teniente Samper, Guardia Civil y requeté, le descargó el cargador, delante de nosotros, Saturnina envuelta en la manta no paraba de llorar, yo me quedé muerto, helado, paralizado viendo a papá en el charco de sangre y los falangistas riendo. A las pocas horas ya por la mañana vino un coche negro a buscarnos, venían dos mujeres muy gordas vestidas de azul, con crucifijos en el pecho. Nos llevaron a la casa junto a la Catedral, del obispado dijeron que era, allí abusaron de Nina durante varios días, a mi me dejaron en paz porque no paraba de vomitar, de hacerme daño contra las mesas, contra las esquinas de las puertas. Solo quería matarme y ellos me dejaban, lo que le interesaba al cura con el sombrero de varios picos y al secretario del Obispo era follarse a mi hermana. A los pocos días de aquel horror vino una familia de Madrid, un matrimonio, él llevaba medallas en el pecho de la guerra, vi al cura con un fleje de billetes en la mano contándolos, todos contentos con la venta de la niña. No la vi nunca más, a mi me llevaron a la Casa del Niño en San José, allí intenté matarme varias veces, me tiré de la torre donde aparece la mujer del vestido blanco, me hice añicos las piernas y la espalda, por eso estas muletas que llevo de por vida, por eso me arrastro por esta ciudad de mierda fumándome las colillas de otros, comiendo de la basura, hasta que no me queden fuerzas para seguir respirando…»

Testimonio de Antonio Luján Cabrera, vecino del barranco de Tecén entre 1929-1936.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 23 de julio de 2001, en el barrio de San Juan (Las Palmas GC).

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