Playa de Maspalomas años 70 (Archivo fotográfico FEDAC)
«¿Dónde está la memoria de los días
que fueron tuyos en la tierra, y tejieron
dicha y dolor y fueron para ti el universo?…»
Jorge Luis Borges
A Dominguito Artiles Araña, se le vino el mundo encima cuando tras llegar del exilio en Uruguay. Su nieta Valeria lo llevó en su coche desde Ayacata en 1978 al sur de la isla de Gran Canaria. Ante sus ojos llorosos todo eran complejos turísticos sobre las dunas de arena, construcciones en barrancos y playas, cemento donde antes había cardonales y tabaibales (1) gigantescos, que cuando partió de la isla en diciembre del 36 huyendo por mar de una muerte segura a manos de los pistoleros falangistas eran espacios vírgenes y mágicos:
-Mi niña los mismos que asesinaron a miles de compañeros tras el golpe fascista son los que ahora destruyen nuestra tierra. La gente del Conde y otros criminales son los dueños de esos tractores que arrasan por todo- dijo el viejo aparcero y antiguo sindicalista, encendiendo con las manos temblorosas un Kruger que tenía apagado en el bolsillo de la chaqueta.
Los camiones y amasadoras pasaban bajando como fogonazos de la devastación por las pistas improvisadas entre los tomateros abandonados.
La muchacha lo miraba desolada y veía en sus ojos rojos por las cataratas una tristeza jamás vista en sus apenas veinte años:
-Abuelo tranquilo, tú verás que no destrozarán la fosa de los catalanes en Pasito Blanco. Algún día los sacaremos de ahí-
(1) Se trata de un matorral xerófilo (adaptado a la sequía) que ocupa el piso basal de las islas, generalmente entre la costa y los 300-500 metros de altitud. Especie dominante: El cardón (\(Euphorbia\ canariensis\)) es el protagonista, junto con otras especies como las tabaibas (\(Euphorbia\ spp.\)).
Más historias
Madrugada en La Calzada
El cuidador de alzados
Rosa frente al espejo