Tropas de la IV División Navarra desfilando en la Cartagena recién ocupada por la sedición franquista (31/03/1939)
“Transformaremos Madrid en un vergel, Bilbao en una gran fábrica y Cataluña en un inmenso solar”
Gonzalo Queipo de Llano
Roberto Trujillo “El Cambullonero” (1), seguía por su vieja radio eléctrica en la calle Faro de La Isleta, día por día, noche tras noche, en los boletines informativos, cada episodio de la mal llamada “Guerra Civil”, que no era más que un golpe militar contra una democracia legítima.
El paisano de toda la vida vinculado al muelle pesquero, muy querido en el barrio, escuchaba en su clandestino cuarto de la azotea como truenos las detonaciones de los disparos del pelotón en cada uno de los fusilamientos diarios en el cercano campo de tiro del cuartel de artillería. Luego los tiros de gracia, uno tras otro. Siendo asombrosamente capaz de contabilizar a cuantos inocentes habían asesinado ese día, anotándolos con su mano temblorosa en aquella sucia y vieja libreta.
En su afán de que no se quedara en el olvido, se convirtió en una especie de reportero de la ternura que conocía a la perfección lo que estaba pasando en cada rincón de España sin más objetivo que recoger aquel momento tan oscuro y sanguinario como un simbólico legado de memoria.
Recopiló cada batalla, las derrotas, las victorias. Los triunfos republicanos le alegraban el día y los celebraba en silencio con Callita, su esposa, echándose juntos un vino del monte con queso de flor.
El 1 de abril del 39 todo terminó con el triunfo de los Nacionales. Sabía que en la isla de Gran Canaria eran miles las personas torturadas y desaparecidas. Como si ya se hubiera impuesto una surrealista hora menos del horror, que en todo el territorio insular viniera sucediendo aquel mismo Holocausto. El que más tarde provocaron los fascistas en sus “cuarenta años de paz”, la propina borbónica, la “modélica” Transición y otras vergüenzas históricas.
(1) El término, muy asociado a las Islas Canarias, se refiere a un comerciante que realiza trueques o ventas con la tripulación de los navíos que pasan por el puerto.
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