«Aquello era el diablo con aquellos demonios metidos en sotanas que te destrozaban la vida por sus vicios criminales…»
Juanito Cubas Tejera
Remigio Arocha Macías, tenía apenas nueve años cuando los fascistas fusilaron a Ramón, su padre, en el paredón de lava de La Isleta. Su madre, Lucía “la costurera”, todos vecinos, humildes trabajadores del barrio de San Roque en Las Palmas, se quedó en estado vegetativo, una especie de coma profundo, tras la brutal violación múltiple que sufrió delante de su hijo la noche de la detención de su esposo, donde más de veinte falangistas y guardias civiles puestos en fila en la habitación matrimonial, fueron uno a uno abusando de ella hasta que perdió el sentido para siempre. La sacaron de la cama al dia siguiente, 19 de agosto de 1936, bajo un calor abrazador. La pobre iba envuelta en sábanas, bañada en sangre, destrozada por dentro y por fuera, no se supo jamás de ella.
Al chiquillo lo tuvo su abuela Rosa “la cabreja” unos días en San Juan, junto a la Casa de los Tres Picos, hasta que a principios de septiembre llegó un coche negro con una monja, un cura y un tipo muy alto con gafas redondas y uniforme de Falange, para ingresarlo en el orfanato de la Casa del Niño delante del campo de fútbol del Martín Freire en el Paseo de San José.
Su estancia en aquel infierno de maltrato y abusos sexuales de los sacerdotes de Vegueta fue de apenas un año, pero allí vivió todos los horrores jamás imaginados. Remi no dormía por las noches intuyendo por sonidos y sombras jamás olvidadas la llegada de aquellos hombres con sotana que borrachos se metían en las camas de los huérfanos.
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