24 febrero 2024

Se me enamora

«(…) La cultura es la sonrisa para todas las edades
Puede estar en una madre, en un amigo o en la flor
O quizás se refugie en las manos duras de un trabajador…»

León Gieco

La cultura institucional canaria está en manos de amiguetes que llevan décadas financiando por poner un mínimo ejemplo chapuzas como los más de 160.000 € del Cabildo de Gran Canaria para el caché de un concierto en la isla de Isabel Pantoja.

¿Cuánto se podría hacer con ese derroche para apoyar la cultura transformadora y de base?

Directores y directoras de cine, actores, actrices, bandas de rock, de folklore, cantautores, grupos de teatro, artistas plásticos, creadoras y creadores de muchas disciplinas del arte que durante años han venido sufriendo el esperpento de la gestión cultureta y frívola de quienes malgastan el dinero público en chorradas alienantes, las carnestolendas que dan votos o las producciones de los de siempre, incluso de quienes aunque fuera un secreto a voces abusaban de su ridículo poder para destrozar vidas y sueños.

Por mi trabajo llevo viendo lo mismo desde principios de los 80, nada cambia y la visión de la cultura sigue siendo cuestión de amiguismos, prebendas y favores. Persiguiendo y vetando a quienes se salen del guion y no le rinden pleitesía a los ilustres patricios.

Por eso mis libros y no soy nadie, tan solo un humilde contador de historias, ninguna institución pública los financia y casi no están en las bibliotecas, ni quiero viendo el nauseabundo panorama, teniendo que recurrir a estrategias de publicación que aunque no me convenzan del todo al menos pueden llegar a la gente que realmente le interese en mi caso la memoria revolucionaria.

Da pena que en una tierra con tanta riqueza creadora el dinero se vaya en gran parte al estercolero del elitismo y el compadreo, que las políticas culturales no sean instrumento de cambio social y mejora de las condiciones de vida de las personas más desfavorecidas.

El miedo a no trabajar tristemente condiciona, quizá por eso un día me fui a otro lugar cansado de tanta cobardía y rendición ante algo que se podría cambiar si existiera más compromiso y rebeldía.

Pero el silencio sepulcral y la callada casi generalizada por respuesta ante las injusticias y el trato de favor marca, salvo honrosas excepciones, una realidad desoladora.

Por eso prefiero seguir y estar en este lado lluvioso, quizá ahora mismo triste de la historia, con la mirada limpia, aunque maldito y vetado, pero feliz de seguir sembrando esperanza sin agachar la cabeza ni pedir nada a cambio.

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