3 diciembre 2020

Semilla guerrillera

Guerrilleros antifascistas españoles durante la "Operación Reconquista", invasión de España desde el Valle de Arán, verano de 1944.

Todo fue un fraude, fueron tejiendo una red de mentiras para quitarle la esencia revolucionaria a la organización, cada día más concesiones a la burguesía, «socialismo en libertad» decían, como si en el socialismo no se viviera libre de explotación, al final nos hacían sentir vergüenza de llevar una bandera roja, de querer un cambio estructural de la sociedad, definitivamente construyeron lo que ellos querían, un partido a la medida de sus bolsillos.

Roberto Cabrera Rodríguez

«(…) Algunos volvimos del exilio tras el final de la guerra jugándonos todo para organizar el partido, para vengar a nuestros camaradas asesinados, veníamos dispuestos a todo, hasta tomar las armas y desgastar por los medios que fueran a esa dictadura criminal, pero todo se fue a la mierda, primero Carrillo y Pasionaria traicionaron a los compañeros que entraron por el Valle de Arán, los dejaron tirados en aquel infierno, muchos murieron, otros lograron cruzar la frontera tan jodidos como cruzamos derrotados en el 39, lo mismo pasó en Canarias, repitieron la misma traición aquellos niños de papá que se metieron en la organización, hijos de la burguesía con apellidos pomposos, familiares de caciques, de ricachones o simplemente palanganeros de la oligarquía y de los amos. No nos dejaron actuar como queríamos los que veníamos de jugarnos la vida contra los nazis en la Resistencia, aquellos no sabían ni manejar un arma, solo sabían conspirar en una mesa de reunión, en la tranquilidad de una célula inactiva, en una agrupación mangoneada, donde siempre se aprobaba lo que deseaba la dirección. Nos miraban como locos a quienes estábamos allí sabiendo que si nos detenían nos colgarían por los ojos con ganchos de hierro, ellos no se jugaban más que unos años de cárcel, una prisión suave, nada que ver con las que se vivieron tras el final de la guerra, cuando desde Ventas mataron a las 13 Rosas y a miles de compañeros más. Estos seguían las directrices de la dirección que placenteramente desde Paris o Moscú dirigía el partido ante una mesa elegante y un plato de caviar con una botella de cava bien fría. No sabían de lucha a muerte, de meter dinamita corriendo entre los cañones de los tanques de Hitler. Por eso todo se fue a la mierda, el partido se convirtió en una especie de asociación de Boy Scouts, bien vistos por el poder, porque sabían que no pasarían de un reparto de panfletos en el Estadio Insular en los partidos de Las Palmas, eran conscientes de que no tendríamos los cojones de los independentistas isleños que tomaron las armas y realizaron acciones guerrilleras contra la dictadura. Recuerdo ver a Mauricio y otros de su cuerda miembros del Comité Central, meterse en un coche después de una Agrupación con Olarte o Marrero Portugues, coquetear con los jefes del somatén, saber todos que muchos de los que estaban debatiendo con nosotros con el carné del PCE eran chivatos de la policía, por eso volví a Francia, por eso me integré en la comunidad de Lucio Urtubia y me volví cada día más comunista libertario. Destrozaron el partido, se vendieron al fascismo, traicionaron a todos los camaradas que siguen llenando las cunetas, fosas, pozos y simas de Canarias con sus huesos destrozados por la tortura…»

Testimonio de Luis Falcón, nombre ficticio de un miembro canario del Frente Popular y del Partido Comunista de España, miliciano en el Quinto Regimiento y partisano en la resistencia francesa contra los nazis.

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