25 noviembre 2020

«Eran gentuza que luego con los años decían que era para salvar la vida, ese acto de filiación a una organización fascista criminal jamás puede ser perdonado por la historia de los pueblos, afiliarse a Falange mientras asesinaban a miles de camaradas en toda Canarias, su traición merece la calificación de escorias vivientes, jamás serán perdonados». Rogelio Salazar González

«(…) Mientras asesinaban a lo mejor de nuestro pueblo, algunos de nuestros camaradas se afiliaban a Falange en todas las islas, la sede de la calle Albareda en Las Palmas se vio desbordada por las colas de traidores, hombres en su mayoría del Frente Popular y de la Federación Obrera, que rogaban por un carné manchado de sangre, un trozo de papel por el que certificaban salvar la vida, convirtiéndose en una rapiña humana, en colaboradores directos de aquellos criminales. La mayoría eran comunistas y socialistas, los anarquistas prefirieron morir de pie. Gran parte de los nuevos afiliados pertenecían a la caduca nobleza canaria, los que desde niños lo habían tenido todo y no habían pasado hambre como la mayoría de nuestro pueblo, familias con apellidos muy conocidos que prefiero no nombrar por puro asco, enseguida aprendieron a levantar el brazo en saludo nazi, a denunciar a sus antiguos compañeros, a ocupar cargos importantes sobre todo los que iban de intelectuales, a participar en miles de crímenes contra los que hasta hacía unos meses pensaban como ellos. Para mí como preso político, con mis dos hermanos asesinados y desaparecidos por el fascismo, aquellos traidores merecían la muerte por ejecución popular, hoy sus hijos preservan su memoria, la tergiversan, la manipulan para tapar y encubrir su participación directa en el genocidio…»

Testimonio de Manuel Brito Masmano, preso político canario en los años del genocidio, condenado a cadena perpetua.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 1 de mayo de 1999, en Jinámar, municipio de Telde.

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