23 octubre 2020

Una crónica en el Día del libro

Es un día del libro algo triste para mi por toda la gente que está partiendo para siempre, muchas muertes seguidas y juntas, demasiadas cada día, tantas que hasta hace un rato imaginaba como sería después del golpe fascista del 36, como con tan poca población en España comparada con la actual fueron asesinadas tantas personas de bien, cientos de miles de mujeres y hombres acribillados por las balas asesinas del franquismo.

Un territorio repleto de fosas comunes y cunetas a rebosar de huesos humanos que hasta la fecha nadie ha solucionado, ningún gobierno ha comenzado a exhumar masivamente cada resto para que las familias les den sepultura digna cerrando heridas, construyendo la verdadera red de la memoria revolucionaria, contra el olvido, por la verdad, la justicia y la reparación.

Por todo esto y por más tiene sentido esta trilogía literaria, dejar este legado para el futuro, que tantos nombres olvidados tengan voz en cada página. Por eso la escribí a pesar de tantos obstáculos, de tantos sinsabores, de tantas humillaciones por parte de quienes ostentan el poder, o por mediocres que desde el poder institucional se dedican a proteger la memoria de los genocidas, a colocar piedras entre cada fosa común y sus familiares como le ha pasado a mi familia.

Esta «Crónica del genocidio fascista en las Islas Canarias», tendrá cada día que pase más vigencia, incluso después de que ya de mi no quede nada físico en la Tierra, será como si en cada letra se hubieran enredado los huesos descifrando un laberinto de sangre y dolor, la sangre más roja de quienes fueron asesinados, asesinadas, por defender la libertad, la esperanza, la emancipación de la clase trabajadora.

Aquí están, ya caminan solos estos libros rebeldes y cada día me sorprendo recibiendo noticias de que andan por muchos lugares del planeta, de que personas tan alejadas de estas islas los tienen en sus manos, se interesan por lo que aquí sucedió tras el golpe de estado contra la legítima República.

Da esperanza recibir un correo o un mensaje de alguien que no conoces desde los Estados Unidos, México, Argentina, Australia, Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia, etc., etc., de cada rincón de esta España agujereada de espacios para el dolor, de huesos destrozados por los disparos y la tortura, una España coronada por los restos humanos que conforman la única patria digna, la que luchó hasta el último aliento por la liberación, por la revolución, por la dignidad, por la democracia verdadera, por un mundo mejor.

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