18 junio 2021

Zapatito al sol

Restos de cuerpos exhumados en la fosa común de Chillón (Ciudad Real) | ARMH

“Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan y no es verdad, no es verdad.”

Federico García Lorca

En el suelo sucio de colillas y cartuchos de churros había un zapatito blanco de niña, la gente pasaba por la calle y nadie lo pisaba, pero tampoco se atrevían a agarrarlo, a pocos metros en la acera varios guardias de asalto con sus metralletas apuntaban a ninguna parte, mientras dos hombres mayores callaban sentados en las piedras de la Ferretería La Llave mirando al infinito.

La escena de la detención de aquella mujer vestida de negro les nublaba la vista, como aparecieron de la nada los guardias de Falange, los dos secretas de paisano que en menos de un segundo la redujeron en el suelo con unas esposas viejas, el de chaqueta y corbata con bigote finito, el otro más gordo, sudando, que vestía un mono azul, sucio de grasa y sangre de caótico mecánico, acostumbrado a reparar las camillas de las salas de tortura del Gabinete.

Por Triana a pocos metros bullía la mañana más densa de la historia, el humo de los coches se confundía con el de las castañas asadas de una Navidad sin luces, el olor a café de unas cafeteras que sonaban a llanto y alaridos de silencio en cada esquina.

El zapatito siguió allí en soledad, como esperando a su compañero de vida, tal vez más sucio, más desgastado por el incansable juego de una niña de cuatro años, la marca de la oscuridad en una calle transitada por miles de fantasmas.

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