«Si Pinochet estuviera vivo, votaría por mí».
José Antonio Kast
La entrega de la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid al presidente de Chile, el ultraderechista José Antonio Kast, es un paso más en una estrategia que la presidenta Isabel Díaz Ayuso ya no esconde. Al igual que hizo en su día con el argentino Javier Milei o el ecuatoriano Daniel Noboa, la Puerta del Sol se ha vuelto a convertir en el escenario perfecto para premiar a referentes del fascismo internacional.
Más allá de la foto, este acto busca algo muy claro: mostrar y justificar de antemano lo que supondría un futuro gobierno de coalición entre el PP y Vox. Al encumbrar a figuras como Kast, Ayuso intenta normalizar y validar la agenda de la motosierra y los recortes salvajes. Es una forma de preparar el terreno para aplicar políticas extremas de desmantelamiento del Estado del bienestar, cuyos principales perjudicados son siempre los sectores más vulnerables de la sociedad.
Con este espejo internacional, queda claro el mapa de ruta que nos esperaría bajo un supuesto gobierno de PP y Vox en España. El modelo apunta de forma directa a la privatización encubierta de la sanidad y la educación mediante el trasvase de fondos públicos a la gestión privada, junto con un tijeretazo a las pensiones públicas. En el plano laboral, la hoja de ruta pasa por una reforma que precarice el empleo y abarate el despido. A esto se le sumaría un blindaje de la Ley Mordaza para reprimir la contestación social en las calles ante los recortes.
Pero el retroceso no sería solo económico, sino también de derechos civiles. Un ejecutivo de estas características implicaría la derogación o el vaciado de la ley del aborto y de la ley de eutanasia, recortando el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y una muerte digna. Asimismo, los colectivos más señalados por este bloque político sufrirían las consecuencias directas: se endurecerían al extremo las políticas contra los migrantes y se desmantelarían las leyes de protección y derechos LGTBI, vendiendo la pérdida de libertades de las minorías como una defensa de la identidad nacional.
Dice el Gobierno regional que el premio es un reconocimiento a la «libertad» y a la «defensa de las instituciones». Sin embargo, resulta cínico encajar estas palabras con perfiles radicalmente autoritarios. Tanto el chileno José Antonio Kast como el argentino Javier Milei arrastran un oscuro historial político en el que blanquean y justifican los crímenes más atroces de la historia reciente de sus países. Ambos líderes han minimizado o justificado de forma reiterada las torturas sistemáticas, los crímenes de lesa humanidad y las desapariciones masivas cometidas por las sangrientas dictaduras militares de Augusto Pinochet en Chile y de Jorge Rafael Videla en Argentina.
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