5 diciembre 2020

Esclavas de la oscuridad

Imagen: Año 1939. Visita oficial de Pilar Primo de Rivera a la capital de León. Situada enmedio, entre, el Jefe Provincial del Movimiento y Gobernador Civil, y el obispo de su Catedral, saludando “a lo nazi”, en tanto entonan el “Cara al Sol”, himno de la Falange. Fuente: Blog de Montserrat Palau.

«Éramos muñecas rotas en las manos de aquel monstruo, todo aquel abuso por no morir de hambre, por el miedo a la denuncia, a la muerte, a que el ladrido de los perros fuera lo que todas barruntábamos.» Rosario Moreno Pérez.

«(…) Apaga la grabadora lo que voy a contar me hace daño, prefiero que lo escribas, porque solo saber que mi voz se va a quedar ahí atrapada cuando muera ya el cuerpo se me descompone. Don Teodoro Inglott abusaba de algunas de las muchachas que trabajábamos en la casa por cuatro perras, todas chicas del pueblo, hijas de familias muy pobres a las que los amos daban una salida como había sido siempre. Pero después del golpe de estado del 18 de julio la cosa se puso más dura, era una especie de barra libre, hasta se intercambiaban las criadas, muchas de ellas menores. Don Teo como le llamábamos era dueño de media Tafira, íntimo amigo de Eufemiano, el tabaquero jefe de falange, que era dueño de Las Meleginas, La Angostura, La Calzada y de la zona del Dragonal Bajo y Alto. Los dos eran unos violadores, los dos abusaban de todas las muchachas que acababan en sus manos, uno en sus fincas, el otro en sus fabricas y en los centros de tortura. Yo fui una de las que estuvo a la fuerza con Don Teo, me hizo dos hijas. Era el derecho de pernada de la época, lo que no te casabas con nadie, solo pasabas día si y día también por las manos de aquel asqueroso que hedía a mierda. No te podías marchar de allí porque lo pagabas con tu vida o la de tus familiares, te podían acusar si querían de comunista y desaparecerte en cualquier sima, llevarse a tus hermanos y meterles cuatro tiros en la nuca antes de tirarlos a un pozo. No puedo contarte más, ni quiero darte más detalles, pero todo lo que puedo decirte es sucio y feo, ni un momento de placer tuve, solo dolor y humillación, todavía tantos años después me restriego la piel con el estropajo como si tuviera metida en la carne la raña y la peste de aquel criminal…»

Testimonio de Fefita Troya Robaina, criada en varias haciendas de miembros del régimen franquista en la zona centro de la isla de Gran Canaria, vecina del barrio de San Roque, Las Palmas GC.Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 7 de julio de 1998, en el barrio de El Caracol, municipio de Telde.

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